viernes, 22 de abril de 2016

¿Por qué no quieren saber nada de la universidad? ¿Por qué insisten en mantener las artísticas superiores fuera de la universidad? Para mantener sus chiringuitos...

Siempre dijimos que la cuestión de la organización de las enseñanzas artísticas superiores debía analizarse desde una perspectiva académica para ver los aspectos positivos y negativos de la actual situación o de cualquier alternativa para su mejora.  

Sin embargo la clase política apoyada por la vieja casta de los directores y directoras de ACESEA (asociación ilegal si afirma serlo de centros pues los centros carecen de capacidad legal para hacerlo, pese a lo que varios ministros le tendió alfombra roja), jamás acertó a dar razones científicas y educativas para negar la vía universitaria, y quedaba demudada cuando se le recordaba que la Yale University, y muchas otras en el mundo, cuentan con escuelas superiores de música, teatro, diseño, etc... Y desde esa asociación de directoras/es se afirmaron cosas inciertas para defender el chiringuito... Como decir que representaban a muchos centros, cuando sólo se representaban a ellos/as mismos/as, sin consultar a las comunidades y en ocasiones negando derechos básicos como el de reunión o de información.

Incapaces de argumentar científicamente, todos ellos recurrían a dos tópicos:  (a) el de un ecosistema propio, y (b) las maldades de la universidad, insinuando que quienes defendían la vía universitaria lo que en realidad buscaban era hacerse catedráticos de universidad, como si la universidad tuviese una tómbola de cátedras.

En realidad la tómbola para un sector de la clase política está en esas estructuras inservibles, como los Institutos de Enseñanzas Artísticas que más sirven como agencias de colocación de altos cargos que como instancias de mejora. Sobre el Instituto de la Comunidad Valenciana, tan alabado por la casta de ACESEA y tan inservible para lo relevante, escribió un interesante artículo el profesor José María Vives Ramiro, y del Instituto Andaluz acabamos de descubrir cosas realmente demoledoras.

En primer lugar la persona que figura como director, sin ninguna vinculación directa con las artísticas superiores, un profesor de secundaria experto en formación profesional, que se ha pasado a la carrera política, a la moqueta:

Manuel Alcaide Calderón (Córdoba, 1952) es licenciado en Ciencias Químicas por la Universidad de Granada. Desde 2012 ejerció como profesor de Secundaria en Física y Química en varios centros de Sevilla. Con una dilatada trayectoria en la Administración de la Junta, fue Secretario General para la Administración Pública (2010-2012), Director General de Recursos Humanos y Función Pública (2010) y Director General de la Función Pública (2009-2010). En el ámbito de la enseñanza ha sido Director General de Profesorado y Recursos Humanos, y de Planificación y Centros (2004-2008); Director General de Planificación y Ordenación Educativa (2000-2004), y Subdirector General de Formación Profesional (1998-2000). También ha sido Subdirector General de Formación Profesional Reglada del Ministerio de Educación y Cultura (1997); Jefe de Servicio de Formación Profesional de la Junta (1992-1996), y miembro del Consejo Consultivo de Formación Profesional y del Comité del Programa Leonardo

En segundo lugar el presupuesto del ente, que es una muestra de cómo usar el dinero de una forma ostensiblemente mejorable, al punto de que el servicio de publicaciones de cualquier universidad haría lo mismo por mucho menos y mucho mejor.

Llama poderosamente la atención que de los 973.564 euros consumidos, 419.202, deriven en gastos de personal, y 554.362, vayan a un capítulo 2 en el que no reconocemos más actividades que el capítulo de "edición de publicaciones", pues la supervisión de los centros corresponde en buena lógica a la inspección educativa. Para coordinar, convocar o supervisar pruebas de acceso, o para informar no es necesario tamaño dispendio. Basta con ver su página web para calibrar bien el dispendio.

No hay duda de que todas las actividades que pueda hacer el Instituto Andaluz se podrían hacer desde un jefatura de servicio de la Junta con la colaboración de los propios centros y con un coste sensiblemente menor. 

No hay duda de que si los recursos que consume el Instituto Andaluz se dedicasen a mejorar infraestructuras y equipamientos de los centros, la comunidad y las enseñanzas saldrían ganando. Y eso sí es política: la mejora de las enseñanzas para bien de todos, para el bien común. 

Un ejemplo claro de los motivos que impiden la incorporación de las artísticas superiores a la universidad: cada quién tiene sus intereses, para mal de la ciudadanía.

Por eso no cabe otra opción que seguir reclamando que SOMOS UNIVERSIDAD, porque el resto del mundo no puede estar equivocado. 

Por mucho que insulten y amenacen: ¡UNIVERSIDAD YA!




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