domingo, 25 de enero de 2015

Degradación permanente de las Enseñanzas Artísticas Superiores. Tres años después compuestos y sin grado. ¡Adscripción/integración universitaria ya!


Degradación permanente. El viejo conflicto de las Enseñanzas Artísticas Superiores en España


Manuel F. Vieites

Han pasado tres años desde que se hizo pública la sentencia del Tribunal Supremo que eliminaba la denominación de “grado” a los que serán títulos superiores cuando el Ministerio publique un Real Decreto que substituirá al Real Decreto 1614/2009. Un Real Decreto que no contendrá ningún motivo para la esperanza, antes al contrario. Las Enseñanzas Artísticas Superiores vuelven al punto de partida, a la equivalencia a todos los efectos en los títulos, y los centros lo seguirán siendo de secundaria.

A pesar de que ACESEA prometió cambios normativos, universidades de las artes, cátedras para el profesorado y una riada de mejoras, no ha sucedido nada que permita preveer que las Enseñanzas Artísticas Superiores se vayan a integrar plenamente en el Espacio Europeo de Educación Superior, más allá de la equivalencia de títulos.

Esta situación de degradación de las enseñanzas tiene sus responsables.

Desde el inicio de la tramitación de la LOE, ACESEA a través de su junta directiva y de miembros cualificados de la asociación, presionó todo cuanto pudo para evitar lo que en aquel momento demandaba un grupo de valientes intrépidos: integración de las EEAASS en la Universidad. Luego llegó la LOE, la ordenación de las enseñanzas, el grado efímero, y la famosa sentencia. Tras ella, lejos de reconocer su error, la junta directiva de ACESEA insistió en su posición y mientras en asambleas y declaraciones públicas admitían la posibilidad de la universidad, en privado y en comandita presionaban al Ministerio y a los partidos políticos para que todo siguiese igual. 

Cuando el Ministro Wert convoca a las partes, a ACESEA, a la Plataforma y a Decanos de Bellas Artes para ver de buscar una solución, los representantes de ACESEA generan dos documentos (que obran en nuestro poder) en los que niegan de forma radical la posibilidad de la universidad. Insisten en su propuesta: Universidades de las artes o Institutos Superiores de Enseñanzas Artísticas como el de Valencia, que ha demostrado su incapacidad para hacer frente a los problemas derivados de la plena integración de las EEAASS en la Universidad.    

Han pasado tres años y aquellos que anunciaban medidas importantes siguen intrigando pese a su fracaso, e incluso como jubilados siguen manejando los hilos del inmovilismo más rancio y casposo. Ahora de nuevo se dirigen a los partidos políticos y les presionan para que recojan en su programas esas viejas quimeras: ecosistema propio, universidad de las artes, Institutos Superiores…, y todo para que nada cambie y para que puedan seguir cómodamente instalados en las viejas rutinas. Algún partido ya ha sucumbido al embrujo y pide la devolución del grado, Y NADA MÁS.

Y seguimos con el problema, y con los problemas. Y con un problema de fondo realmente importante, y por eso podemos decir que ACESEA representa a la CASTA.

Pues el problema no es tan sólo la denominación de los estudios; si los estudios conducen a un grado o a un título superior. Tampoco se limita al hecho de que un título superior no siempre sea equivalente a un grado universitario ni en España ni en Europa, o en América, a efectos diversos, desde optar a una beca o realizar un posgrado, y de eso saben mucho los titulados superiores en música o conservación y restauración de bienes culturales. El problema va más allá del hecho de que los alumnos y alumnas tengan muchos menos derechos y ayudas que sus homónimos universitarios, y muchísimo más allá del hecho de que los centros se gestionen por una normativa del siglo pasado. Y todavía más allá del hecho de que el alumnado no pueda realizar completo su itinerario formativo en su centro o en un centro similar: grado y posgrado (máster y doctorado); y realizarlo en su especialidad, es decir que si alguien es graduado en música pueda obtener un doctorado en música. Bueno, esto último sí es posible si se acude a una universidad privada. 

Los centros están así renunciando, incomprensiblemente, a definir y controlar su propio recorrido formativo, como lo hacen prestigiosas escuelas superiores de todo el mundo. A la oferta educativa de la Royal Central School of Speech and Drama me remito, por ejemplo. Un centro que mejoró su oferta y su excelencia tras la integración en la universidad en 2004, hace tan poco.

El problema, su falta de solución, también tiene que ver con la democracia y con los comportamientos democráticos en los centros educativos.

Cuando en marzo de 2012 un colectivo muy diverso de personas decide crear una Plataforma por la Integración en la Universidad de las EEAASS, se pone a los centros como condición para su participación en la misma, el que el Claustro y el Consejo Escolar lo hayan decidido así. Se trata de un ejercicio democrático básico, en el que además es preciso evitar meter miedo, como lo han hecho tantas y tantas personas al grito de “¡Que viene la universidad!”. Invocaban algunos el principio de la “especificidad” de las enseñanzas, como si la titulación en Ciencias de la Educación Física y el Deporte, por ejemplo, o en Fisioterapia, por ejemplo, no la tuviesen. Y ya vemos a donde ha llegado el INEF de Madrid felizmente integrado en la Universidad Politécnica.

Son disculpas de quienes miran para otro lado al recordarles que en toda Europa y en todo el mundo las EEAASS o están integradas en la universidad o los títulos están adscritos a las mismas. En ese sentido somos un endemismo mundial, y corremos el riesgo de ser el único país del mundo en mantener de forma terca e irresponsable esa situación.   

En muchos de los centros que todavía permanecen en ACESEA, no se ha producido ese proceso democrático básico de analizar con todas las cartas encima de la mesa, sin apriorismos y sin amenazas, la cuestión, en un proceso abierto en el que participe toda la comunidad. Es más, en algunos centros el profesorado y el alumnado se han visto privados de ese ejercicio básico, como en las peores épocas del franquismo. En muchos casos se han lanzado mensajes apocalípticos que finalmente han calado en un alumnado desmovilizado y amedrentado, y que ya solo quiere que le devuelvan su “grado”, y nada más. 

Un problema realmente grave que viene a ser un termómetro del nivel de valores democráticos que pueda haber en un determinado centro.

Y mientras tanto las universidades privadas, o academias privadas en convenio con universidades extranjeras, ocupan el territorio y ya ofrecen títulos de grado en todas y cada una de las especialidades de las EEAASS, y potencian además estudios de posgrado que conducen a un doctorado. Negocio para unos y degradación para los más. Y el alumnado sigue desmovilizado y amedrentado, como si la cosa no fuese con ellos y ellas.

Pues bien, como ha demostrado la Plataforma en diferentes documentos, esta situación perjudica gravemente el futuro de las EEAASS en la red pública de enseñanza superior, en beneficio de la red privada. Y lo hace en especial porque se está perdiendo un tiempo precioso para que los centros comiencen a funcionar como facultades universitarias abandonando para siempre el territorio de la secundaria.

La única cuestión en la que pudiera haber algún problema en la integración universitaria es en la ratio profesor/alumnado, si bien se ha de decir que en ningún caso el EEES implicaba la masificación que se ha producido en España, antes al contrario. Y en ese sentido los centros que de verdad están cumpliendo los principios pedagógicos en lo que atañe al diseño de los procesos de enseñanza y aprendizaje emanados del EEES, son los centros de EEAASS. Una cuestión que habría que negociar en la integración, pero menos en la adscripción, pues ésta implica que los títulos los otorga la universidad y los centros siguen dependiendo de las administraciones educativas de la Comunidad Autónoma. Por eso tantas veces hemos dicho que la adscripción a nadie perjudica y beneficia a todas y a todos.

Cuando comienza 2015, y cumplido el tercer aniversario de la degradación, en un año electoral, volvemos a la carga, para reclamar con argumentos educativos, académicos y pedagógicos aquello que en todo el mundo es norma: ¡adscripción/integración en la universidad ya! E instamos a todos los partidos a actuar con rigor y responsabilidad, porque ya sabemos lo que implica estar fuera de la universidad.

Y a las personas escépticas e incrédulas se les podría recordar la trayectoria de excelencia e innovación del Black Mountain College, una universidad de North Caroline, USA, que destacó por su programa en el campo de la educación artística. El problema no es la universidad sino la forma en que seamos capaces de reconstruirnos en ese espacio. Ese es el reto. ¿Hay miedo?

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